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Gobierno mexicano espía a periodistas y activistas con software para perseguir terroristas

Política

Por: pijamasurf - 06/19/2017

Gobierno mexicano acusado de espiar a periodistas como Carmen Aristegui, activistas y defensores de derechos humanos que tienen en común denunciar la corrupción del mismo gobierno

El New York Times publicó hoy información basada en un reportaje de Citizen Lab, Article 19 y otras organizaciones ciudadanas, en el que se revela el uso de un programa para espiar que el gobierno mexicano ha utilizado en contra de activistas y periodistas, notoriamente Carmen Aristegui.

Entre los personajes que el Times ha descubierto que fueron espiados se encuentran abogados que investigan la desaparición de los 43 estudiantes en el caso Ayotzinapa, defensores de los derechos humanos (entre ellos, una mujer estadounidense que representa a víctimas de abusos sexuales cometidos por la policía), el periodista Carlos Loret de Mola y un economista que ayudó a redactar un proyecto de ley anticorrupción.  

Article 19 y R36 y sostienen haber documentado otros 76 intentos de hackeo con este spyware a través de enlaces infecciosos vinculados a la infraestructura de Pegasus. Cada infección exitosa superaría los 70 mil dólares en costo.

La Sedena, la PGR y el CISEN habrían gastado desde el 2011 unos 80 mil millones de dólares en este software fabricado por la empresa israelí NSO. El spyware Pegasus funciona al enviar mensajes de texto a los aparatos que busca monitorear para infiltrarse y obtener acceso a información que incluye "llamadas, mensajes de texto, correos electrónicos, contactos y calendarios. Incluso puede utilizar el micrófono y la cámara de los teléfonos para realizar vigilancia; el teléfono de la persona vigilada se convierte en un micrófono oculto".

NSO argumenta que vende su software a los gobiernos con la condición de que sea usado para combatir terroristas y grupos criminales. En México se utiliza contra periodistas y activistas. El New York Times explica:

según decenas de mensajes examinados por The New York Times y analistas forenses independientes, el software ha sido utilizado para vigilar a algunas de las personas que han sido más críticas del gobierno, así como a sus familiares, lo que muchos ven como un intento sin precedentes para debilitar e intimidar a la gente que intenta ponerle fin a la corrupción que afecta a la sociedad mexicana.

Ahora deberá discutirse si el gobierno ha hecho algo ilegal (algo que parece muy probable) y si esto podrá ser castigado puntualmente (algo que parece poco probable). La ley mexicana marca que la vigilancia de comunicaciones privadas debe autorizarse por un juez federal bajo la justificación de un caso legal que argumente la necesidad de realizar dicha vigilancia. No se cree que el gobierno haya tenido aprobbación judicial para hackear los teléfonos de periodistas y activistas. Toda lógica sugiere que el gobierno carece de esta autorización, en tanto que resultaría absurdo pedir permiso a un juez para vigilar a alguien que justamente se dedica a vigilar los derechos humanos de los demás.

Por si esto fuera poco, el Times documenta esfuerzos radicales y escandalosos para lograr obtener acceso a los celulares de los periodistas y activistas, incluyendo enviar mensajes sobre supuestos amoríos extramaritales y atacar el teléfono del hijo de Carmen Aristegui. 

Aunque el Times está completamente seguro en su acusación de que el software debe de haber sido usado por el gobierno mexicano, al someter los mensajes al análisis de ciberexpertos y cotejar las fechas en las que el spyware se empleó, resalta el hecho de que Pegasus no deja rastros del hacker que lo utilizó y no se puede determinar exactamente quién está detrás del intento de hackeo. Así explican RD3 y Article 19 las pruebas de la intencionalidad del gobierno:

Por ejemplo, personal del Centro Prodh recibió intentos de infección durante coyunturas como el décimo aniversario de la represión en Atenco, la discusión de la Ley General contra la Tortura o la presentación del informe final del caso Ayotzinapa por parte del GIEI. En el caso de Aristegui Noticias, los mensajes recibidos ocurrieron durante sucesos como la exoneración del presidente Peña Nieto por el conflicto de interés de la casa blanca o la publicación de reportajes relacionados con la figura presidencial.

Otro de los objetivos, Carlos Loret de Mola, recibió intentos de infección cuando escribía sobre las ejecuciones extrajudiciales en Tanhuato, Michoacán. Por su parte, personal del Instituto Mexicano para la Competitividad fue objetivo de ataques con el malware Pegasus durante la discusión de la ley 3 de 3, en tanto que dos periodistas de Mexicanos contra la Corrupción y la Impunidad recibieron mensajes tras la publicación del reportaje sobre la red de empresas fantasma del gobierno de Javier Duarte, en el cual colaboró la organización.

Aunque esta información parece novedosa y alarmante, existen indicios de que el gobierno de Estados Unidos y sus agencias de inteligencia han ayudado al gobierno mexicano a espiar a sus ciudadanos por décadas, algo que por supuesto no aminora la gravedad de lo ocurrido.

 

Lee más sobre esto en el NY Times

Encuentra información bajo el hastag #GobiernoEspía

Por qué lo que estamos viviendo se parece más a 'Un mundo feliz' de Huxley que a '1984' de Orwell

Política

Por: pijamasurf - 06/19/2017

Aldous Huxley tenía razón

Ante las experiencias traumáticas de los regímenes totalitarios del siglo XX, el libro 1984 de George Orwell --debido a su representación del Estado tiránico como el represivo y ominpresente Gran Hermano-- se convirtió en el texto distópico de cabecera que advertía los peligros de lo que podría ocurrir con una mezcla de abuso de poder, tecnología y supresión de la libertad y la información. Ante el primer atisbo de represión, vigilancia y control del Estado se cantaba con alarma el término Gran Hermano. Y si bien ciertamente hay algo de esto actualmente, la distopía que más se acerca a predecir y a darnos herramientas para entender lo que estamos viviendo hoy en día es Un mundo feliz de Aldous Huxley. Esto fue previsto con gran claridad por el escritor y analista de medios Neil Postman en 1985, en su libro Amusing Ourselves to Death (Entreteniéndonos hasta la muerte).

El sistema esbozado en el texto de Orwell se basa en la censura, la represión de los movimientos de oposición y sobre todo en la anulación de la individualidad, mientras que el de Huxley trata de, en palabras de Andrew Postman (el hijo de Neil), "una burbuja de gratificación instantánea, tecnología sedativa y consumo exacerbado". Mucho más parecido a lo que estamos viviendo en la sociedad occidental de Facebook y Donald Trump. No un control estilo "la bota en la cara" sino algo más parecido a la apatía, la dispersión y el desinterés producido por la distracción y el egoísmo de la cultura del entretenimiento. Como sugiere Neil Postman, en nuestra sociedad no es necesaria la represión de un movimiento político porque la realidad como entretenimiento nos coloca en un estado de pasividad, indolencia e ignorancia que nos hace inofensivos para el sistema. Postman escribió:

Lo que Orwell temía era que se prohibieran los libros. Lo que Huxley temía era que no hubiera razón para prohibirlos porque nadie querría leer uno. Orwell temía a aquellos que nos privarían de la información. Huxley temía a aquellos que nos darían tanto que nos reducirían a la pasividad y al egoísmo. Orwell temía que la verdad sería ocultada de nosotros. Huxley temía que la verdad sería ahogada en un mar de irrelevancia. Orwell temía que nos convertiríamos en una cultura captiva. Huxley temía que nos convertiríamos en una cultura trivial. 

Es difícil definir mejor lo que nos está pasando actualmente que como lo hizo Postman hace más de 30 años y, por supuesto, Huxley hace 80. En este solo párrafo está el narcisismo y el hiperindividualismo de la era digital, el mundo de las noticias falsas y de la posverdad, la burbuja de los filtros, el infotainment y demás malestares de la cultura de nuestros días, los cuales están zurcidos invisiblemente al tejido de la normalidad. 

En su texto "La propaganda en una sociedad democrática", Huxley escribió:

En lo que respecta a la propaganda, los primeros defensores del alfabetismo universal y de la prensa libre advirtieron sólo dos posibilidades: que la propaganda sea verdad o que sea falsa. No previeron lo que en realidad ha sucedido, sobre todo en nuestras sociedades occidentales capitalistas: el desarrollo de una vasta industria de comunicación masiva, que no lidia ni con lo falso ni con lo verdadero, sino con lo irreal, lo que es casi siempre totalmente irrelevante.

[...] Pero incluso en Roma no había nada comparado con el sinfín de distracciones que proveen los diarios, las revistas, la radio, la televisión y el cine. En Un mundo feliz las distracciones sin cortes de la naturaleza más fascinante [the feelies: películas también táctiles, orgy porgy, sexo grupal bajo la influencia de las drogas, centrifugal bumblepuppy, una futurista versión de espirobol] son deliberadamente usadas como instrumentos de política pública, con el propósito de impedir que las personas presten mucha atención a las realidades de la situación social y política. El otro mundo de la religión es diferente al otro mundo del entretenimiento; pero se asemejan en que decididamente "no son de este mundo". Ambos son distracciones y, si se viven continuamente, pueden volverse, como en la frase de Marx, "el opio del pueblo" y, por consiguiente, una amenaza a la libertad. Sólo los que vigilan pueden mantener sus libertades y sólo los que están constante e inteligentemente en el aquí y en el ahora pueden autogobernarse efectivamente por procedimientos democráticos. Una sociedad cuyos miembros pasan buena parte de su tiempo no en el presente, no en el aquí y en el ahora y en el futuro calculable, sino en otro lugar, en los otros mundos irrelevantes del deporte y las telenovelas, de la mitología y la fantasía metafísica, encontrará difícil de resistir las invasiones de aquellos que controlan y manipulan a la sociedad.

En su propaganda los dictadores de hoy dependen fundamentalmente de la repetición, supresión y racionalización —la repetición de eslóganes que desean que sean aceptados como verdad, la supresión de hechos que quieren que sean ignorados y la estimulación y racionalización de pasiones que pueden ser usadas en el interés del Partido o del Estado. Al tiempo que el arte y la ciencia de la manipulación son mejor entendidas, los dictadores del futuro indudablemente aprenderán a combinar estas técnicas con las distracciones interminables que, en Occidente, amenazan con ahogar en un mar de irrelevancia la propaganda racional esencial para mantener las libertades individuales y la supervivencia de las instituciones democráticas.