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La preciosa historia del momento fundacional del budismo zen

Un día el Buda alzó una flor blanca mientras enseñaba dharma a una asamblea de miles de monjes. Shakyamuni (como sería conocido entre los practicantes del mahayana) mostró la flor y guardó silencio. Sólo podemos imaginar la profundidad y la intensidad de ese silencio. Era ese silencio que ha inspirado la frase popular: el silencio es oro. Ese silencio que nos revela que la eternidad está presente en el instante. El silencio y la flor fueron la totalidad de la enseñanza del Buda pero el sermón no se completó hasta que uno de sus más logrados discípulos, Mahakashyapa, sonrió sutilmente ante el gesto del Buda. Ese fue el inicio del zen: en el silencio del Buda, en la flor (que es la sonrisa del silencio) y en la sonrisa (que es la flor del entendimiento) de Mahakashyapa yace la totalidad de la doctrina, la iluminación de todos los budas, siempre disponible en el silencio de la meditación que define al zen.

Podríamos concluir aquí este ensayo y quizás sería mejor así hacerlo, dejar que el silencio y el misterio del gesto transmitan lo inefable. Pero más que una lección de dharma, para lo cual hay ciertamente mejores vehículos que éste, nos interesa aquí recordar una historia, hacer una introducción a la fundación del zen y que ya cada quién luego pueda poner en práctica esto si siente cierta inspiración. Así entonces, podemos explorar y contextualizar el silencio del Buda y su flor de la iluminación.

El episodio relatado se conoce como el Sermón de la Flor, en chino literalmente se llama Niān huá wéi xiào: "Recoge flor, sonrisa sutil". No es parte de los sutras del Canon Pali ni del mahayana sino que fue parte de la tradición oral del zen o chan; su primer registro escrito data del año 1036 en China. Mahakashyapa es uno de los discípulos más famosos del Buda y aparece en numerosos sutras; se le conoce por su gran disciplina ascética. Su nombre, que significa en sánscrito "gran tortuga", tiene un linaje difícil de superar: Kashyapa fue el más viejo de los siete rishis o sabios que descubrieron los himnos de los Vedas al principio de los tiempos y Kashyapa también es el nombre del Buda previo a Gautama Buda según el Canon Pail. Los chinos, sin embargo, hicieron una traducción más poética que interpreta la raíz sánscrita "kas" como "brillar" y "pa" como "beber"; así Mahakashyapa para el zen será el "Gran Bebedor de Luz". Esto es acorde también con una historia que cuenta que al nacer una luz dorada llenó su habitación y entró en su mente. Esa luz es la luz de la transmisión del prajna. Mahakashyapa es quien bebe la luz del Buda, la luz del silencio que es la transmisión directa de un entendimiento más allá del tiempo. La luz que no puede transmitirse a través de las escrituras, sólo puede experimentarse en el silencio. El silencio es el método supremo del conocimiento, de aquello que no puede conocerse en palabras y que trasciende toda relación sujeto-objeto, la gnosis no-dual que es la esencia del estado búdico.

En uno de los textos clásicos del zen, Denkoroku (Crónicas de la transmisión de la luz), el maestro Keizan narra:

Ante una asamblea de 80 mil monjes en el Monte Grdhrakuta [Monte Buitre], el Buda sostuvo una flor en su mano y guiñó el ojo. Nadie en la asamblea entendió lo que estaba haciendo, y permanecieron en silencio. Mahakashyapa sonrió... El Buda sostuvo una flor y mostró que no estaba cambiando. Mahakashyapa sonrió para mostrar que era eterna. De esta forma Shakyamuni y Mahakashyapa se conocieron y sus pulsos se entremezclaron. El entendimiento perfecto y puro no involucra la mente que discrimina, así Mahakashyapa se sentó en meditación y cortó la raíz del pensamiento. 

La tradición cuenta que el Buda dijo en ese momento: "Poseo el Tesoro del Ojo del Verdadero Dharma y la maravillosa mente del Nirvana, y se lo transmito a Mahakashyapa". Mahakashyapa sería el gran patriarca del zen y todos los grandes maestros zen vivirían esta experiencia definitiva, recibiendo el Ojo del Verdadero Dharma, la transmisión directa del estado de iluminación. Shōbōgenzō: El Tesoro del Ojo del Verdadero Dharma sería el titulo de las obras de Dogen, el más grande maestro del zen japonés. En cierta forma todo el sendero no sería más que la resonancia presente de este único acto: el silencio, la flor, la sonrisa... Silencio porque la verdad no puede ser dicha; flor porque cuando se logra comprender todo se percibe como la expresión siempre pura de la verdad, de lo que no cambia; sonrisa porque la alegría es el estado natural cuando se entiende que todo es perfecto, que todo siempre ha estado iluminado y cuán innecesario es esforzarse. 

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En el texto citado de Keizan se describe el episodio de la iluminación del Buda como el prototipo o instante seminal que es actualizado por cada uno de los miembros del linaje:

Shakyamuni vio la estrella del amanecer y se iluminó. Dijo: "Yo y la gran tierra y todos los seres simultáneamente alcanzamos el despertar"... Cuando Shakyamuni se iluminó, la gran tierra y todo los seres se iluminaron. No sólo la gran tierra y todo los seres sino todo los budas del pasado, futuro y presente se iluminaron. Ya que esto es así, no pienses que fue Buda Shakyamuni quien se iluminó. No debes de ver a Shakyamuni como separado de la gran tierra y de todos los seres... Incluso las montañas, los ríos y las miríficas formas que florecen en abundancia, ninguna queda fuera de la pupila de Gautama. Todos ustedes aquí también están establecidos en la pupila del ojo de Gautama. No sólo están establecidos en ella, sino que está implicada en ustedes. La pupila de Gautama se convierte en la carne del cuerpo, se convierte en el cuerpo de cada persona, erigiéndose como un precipicio de 84 mil metros en cada uno. Así entonces no pienses que desde el pasado hasta este momento hubo una pupila de ojo brillante y personas distintas. Tú te comiste la pupila del ojo de Gautama: Gautama es la totalidad de cada uno de ustedes.

Esto lo que nos quiere decir, usando el lenguaje a veces enigmático del zen que busca destruir la lógica dualista con rayos de claridad no-conceptual, es que todos los seres tienen la esencia búdica, que el tiempo realmente no existe y por lo tanto el instante de la iluminación del Buda es la más íntima realidad presente, de la cual sólo estamos separados por constructos mentales dualistas. El ojo del Buda que lo contiene todo es el ojo cuya característica esencial es la visión no-dual, el ojo que ve a todo como buda, todo iluminado. Shakyamuni se ilumina viendo a Venus, pero no como una estrella que está allá afuera, sino como la luz viéndose a sí misma sin distancia ni diferencia. Visión pura. Pura iluminación. O, como dice un maestro contemporáneo de budismo vajrayana, todo lo que se escucha no es más que el sonido de la luz pasando a través de sí misma. Esta es la única transmisión, el mundo y todos los cuerpos: el susurro que hace la luz al pasar a través de sí misma.

Así cuenta Dogen, el gran patriarca de la corriente Soto en Japón, este seminal episodio del cual todo lo demás es sólo un eco:

La autenticidad de la transmisión de este buddha-dharma permanece sin ocultarse a lo largo del tiempo. Hace mucho en la asamblea del Pico del Buitre el Tathagata [el Buda, el que reside en lo real] confió a Mahakashyapa la insuperable enseñanza, el tesoro del verdadero ojo del dharma, la inconcebible mente del nirvana. Este evento fue atestiguado por devas que viven aún hoy en el mundo celestial; no debes dudarlo.

Dogen, quien también recibió esta transmisión directa en su memorable viaje a China, hace énfasis en el encuentro cara a cara:

De esta forma, día y noche el venerable Mahkashyapa atendió cuidadosamente a Shakyamuni, y pasó toda su vida siendo íntimamente iluminado por el rostro del Buda. Por cuánto tiempo ha estado pasando esto va más allá de la comprensión. Debes reflexionar alegre y silenciosamente sobre esto.

Así, el venerable Mahakashyapa hizo una reverencia formal al rostro de Buda Shakyamuni. Los ojos de Buda Shakyamuni se reflejaron en sus ojos, sus ojos se reflejaron en los ojos de Buda Shakyamuni. Este es el ojo búdico; este es el rostro búdico. Ha sido transmitido cara a cara sin interrupción hasta ahora. Esta es la transmisión directa.

Dogen señala que esta transmisión es como "vertir agua en el océano y hacer que se esparza infinitamente, o como encender una lámpara y permitir que brille para siempre". La transmisión directa está ocurriendo en este mismo instante: "Exactamente en este momento los budas ancestros están íntimamente transmitiéndola el uno al otro... Se transmite de viña a viña, sin ser cortada. Se transmite de ojo a ojo, con el ojo abierto. Se transmite cara a cara, con la cara revelada". 

Keizan transmite, en sus Crónicas de la transmisión de la luz, la misma idea de la resonancia presente de la experiencia de iluminación: 

Si prácticas urgentemente el Sendero hoy, Mahakashyapa no ha entrado aún en el Monte Kukkutapada y puede aparecer en Japón, el cuerpo carnal de Shakyamuni está todavía caliente y la sonrisa de Mahakashyapa será nueva otra vez. Si puedes alcanzar ese lugar, tu serás el sucesor de Mahakashyapa, y Mahakashyapa recibirá el verdadero dharma de ti... Sin principio ni final, aniquilando pasado y presente, este es el lugar en el que ocurre la transmisión del Tesoro del Ojo del Verdadero Dharma.

En el origen del zen está su sustento, la práctica fundamental que permite actualizar la experiencia de la iluminación en el presente. Dogen lo dice así: "Debido a que la práctica del momento presente es la práctica de la iluminación, la práctica de la mente principiante es en sí misma la iluminación original". El budismo zen se basa en la práctica del zazen, sentarse a meditar. Esta práctica emula el silencio del Buda y el entendimiento de Mahakashyapa, el entendimiento que está más allá de las palabras y que se refleja en una sonrisa, en una flor que crece después de toda palabra, sin razón alguna, sólo como expresión de la transmisión de la luz. Nos dice Dogen que al sentarnos a meditar no estamos iniciando un camino hacia la iluminación o realizando una tarea que tal vez produzca el fruto del despertar. Al sentarnos a meditar, cuando practicamos zazen ("el arte del no-pensamiento"), eso es ya la iluminación. Ese silencio que está siempre ahí, que no debemos producir sino sólo reconocer como nuestro, es el silencio de todos los budas. 

 

Twitter del autor: @alepholo

*Citas de Dogen tomadas Moon in a Dewdrop, edición de Kazuaki Tanahashi

Introvertidos y extrovertidos: las diferencias entre Oriente y Occidente

AlterCultura

Por: pijamasurf - 06/18/2017

¿Por qué se dice que Oriente es introspectivo y Occidente extrovertido?

¿Cuáles son los rasgos distintivos que caracterizan al pensamiento occidental y al oriental? Ciertamente hay muchas diferencias y otras similitudes, pero probablemente la forma más clara de diferenciar a estas culturas --que, por cierto, no son monolíticas ni existen de manera independiente-- es una preferencia y una tendencia cognitiva a la extroversión en el caso de Occidente y una introversión o introspección en el caso de Oriente (especialmente en las civilizaciones que nacen de la gran diseminación de las religiones del valle Indo). Occidente mira y va hacia fuera; Oriente mira y va hacia dentro. Occidente busca la exploración y la conquista del mundo externo; Oriente busca la exploración y conquista de la propia mente.

Esta distinción ha sido hecha por numerosos teóricos, maestros espirituales, sociólogos, filósofos y demás, y es explicada con bastante claridad en la conferencia que impartió Marco Antonio Karam en la Universidad Nacional Mexicana, para el primer coloquio de estudios asiáticos:

Occidente es extrovertido porque parte de la noción de que nuestra experiencia es determinada por los estímulos sensoriales, los estímulos a los que nos vemos expuestos

Oriente es introspectivo porque contempla que es la percepción que tenemos del mundo la que determina la experiencia que en el mundo tenemos y no es el mundo en sí mismo el que determina esa experiencia.

Marco Antonio Karam, quien es director de la Casa Tíbet en México, agrega que el hecho de que en Oriente se dé primacía a lo interno no quiere decir que no se acepte "que el mundo influencia nuestra experiencia, sino sólo que no la determina... lo que ulteriormente la determina no está afuera sino adentro", lo que determina nuestra experiencia son "los modelos cognitivos con los que nos relacionamos y vinculamos con el mundo de la experiencia". Aquí debemos mencionar que Oriente y Occidente finalmente parecen encontrarse, particularmente en las coincidencias entre la física cuántica y las tradiciones contemplativas de India. En la física cuántica se ha puesto en duda la existencia de una realidad objetiva independiente de nuestra observación de la misma, algo que ha sido entendido por el budismo y el hinduismo, entre otras tradiciones, donde la observación es igual a la designación conceptual de la realidad. Werner Heisenberg dijo que no observamos la naturaleza tal cual es, sino observamos la naturaleza expuesta a nuestros métodos de interrogación; Marco Antonio Karam explica que en Oriente se sostiene que no observamos las cosas como son sino como somos nosotros. 

Karam utiliza un ejemplo que ilustra el problema de creer que el mundo externo tiene una realidad intrínseca, independiente y permanente. Karam pone el ejemplo de un sueño en el que vemos una mujer en bikini. Cuando tenemos la experiencia de desear a una mujer en bikini que aparece en nuestros sueños, creemos que esa experiencia de deseo está determinada por la apariencia en sí misma, y olvidamos que la mujer en bikini no tiene una existencia objetiva sino que ha sido producida por nuestra mente, que es sólo un sueño. Sin embargo, en el estado de vigilia, una mujer en bikini tampoco determina por sí misma la experiencia que tenemos; el deseo no es intrínseco a la mujer en bikini, algo que podemos ver en el hecho de que esta misma apariencia --la mujer en bikini-- no produce deseo en todos los animales, ni en todas las personas, y ni siquiera en una misma persona en diferentes momentos. Otro ejemplo similar es puesto por Elías Capriles: un hombre es acariciado por una decena de mujeres, que en principio considera sumamente hermosas, con una pluma de ganso. Esto parece ser altamente placentero, pero ahora imaginemos que es acariciado así por 49 días de manera ininterrumpida; entonces, ese enorme placer deviene en tortura. En realidad el placer es sólo sensación aceptada y el dolor sensación rechazada, dice Capriles. Hay una interpretación en juego, los estímulos no son agradables o desagradables en sí mismos y, por lo tanto, el placer y el dolor no provienen del mundo externo. Como ha dicho otro maestro budista (que es también físico), Alan Wallace, no existen átomos azules o verdes, o melodiosos o apestosos, es la interpretación de nuestra mente la que permite que emerjan estas cualidades sensoriales que no existen de manera independiente. 

Lo anterior es importante pues pensar que el placer y el bienestar provienen del mundo externo es una causa fundamental del sufrimiento. Al atribuirle permanencia a algo que es impermanente o inmutabilidad a algo que es esencialmente mutable nos aseguramos de perpetuar la insatisfacción y el sufrimiento. Lo único que podemos saber de la realidad sin lugar a dudas es que todos los estímulos, el mundo material mismo, son siempre impermanentes. Lo único que no cambia es el cambio. De esta noción, en gran medida, surgen todas las técnicas contemplativas del dharma como métodos para entrenar a la mente para no reaccionar con apego o avidez ante los fenómenos y sus estímulos, de los cuales no se tiene control y los cuales son impermanentes y en cierta forma ilusorios, ya que no tienen una existencia intrínseca independiente de nuestra propia cognición de los mismos. 

Esta particularidad, el poder del mundo externo de Occidente y el poder de lo interno de Oriente, puede observarse en el hecho de que la tecnología y la ciencia occidental se han esparcido por todo el mundo, mientras que en las últimas décadas estamos presenciando una expansión del yoga, la meditación y demás ciencias contemplativas orientales en Occidente.