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No tomarse las cosas en serio, por ahí va

Toda autobiografía es una obra de ficción.

T. K.

Diversos estudios muestran que las personas consideradas como chistosas, evaluadas como con un buen sentido del humor, tienen también un alto coeficiente intelectual. Igualmente, varios estudios muestran que los hombres con buen sentido del humor son considerados como más atractivos. Tal vez el humor sea el más sincero afrodisíaco. 

Más allá de esta correlación, el humor es un signo de inteligencia en tanto que demuestra una perspectiva ligera y clara de la realidad. El hombre o mujer que torna el mundo en risa, en gozo, está ejecutando una dinámica de no tomarse demasiado en serio el mundo, lo cual es la puesta en escena de un axioma, de entender correctamente un principio de la realidad. El mundo es a fin de cuentas impermanente, la identidad a la cual nos aferramos es polvo, no tiene solidez, es una designación conceptual. El mundo es incierto, una gran ficción. Si no tienes definición, si todo está abierto, puedes ser otro. Jugar es lo correcto. Tomarlo con humor es tomarlo con filosofía.

El humor es el amor a la creatividad del ser: nos estamos recreando cada instante (el polvo de estrellas de nuestras células es una mezcla volátil de génesis y fin del mundo). El humor es superar el error de lo literal, ir más allá del encasillamiento de la lógica de que las cosas son sólo esto o esto otro (y no todo y no nada). El humor es la acción del reconocimiento de que el mundo es un sueño, y que podemos estar despiertos sin que haya un final (cuando te despiertas en un sueño, lo único que queda es jugar con la realidad inocuamente). En el humor ensayamos a cambiar nuestra forma de ver el mundo y eso nos permite, eventualmente, hacer que las cosas sean distintas Que sean como el mejor humor que tenemos. Como esa dicha de verlo todo en una profusión de júbilo emanando cascadas-carcajadas desde el centro de la conciencia. La ficción es subversiva, el estirar la liga esculpe la realidad. Escribes tu autobiografía, pero sabes que la persona de la que escribes es sólo un personaje; en realidad, es muchos personajes.

Es la experiencia de los grandes maestros que perciben el mundo de manera no-dual que el solo hecho de que las cosas se manifiesten, pese a que realmente no existen, es tan asombroso que estallan en risa.

(Longchenpa)

 

Twitter del autor: @alepholo

Esto no es de mal gusto: Die Antwoord y lo zef, un cortocircuito de la cultura

AlterCultura

Por: pijamasurf - 06/14/2017

La banda sudafricana Die Antwoord demuestra que la cultura es un ente que vive gracias a sus contradicciones

La idea general que se tiene de cultura casi siempre presenta un equívoco esencial: con mucha frecuencia, se le asocia sólo con la llamada “alta” cultura, jerarquización un tanto cuestionable que además de que supone una “baja” cultura, impone también una falsa rigidez a algo que por naturaleza se encuentra siempre en movimiento, siempre en cambio constante y, sobre todo, en continua mezcla.

En este sentido, al hablar de cultura sería mejor entenderla como un inmenso panel, inabarcable, en donde concurren miríadas de flujos, corrientes eléctricas, algunas con mayor potencia que otras, que siguen su curso hasta encontrarse unas con otras y generar algún efecto –en ocasiones, incluso un cortocircuito.

¿Qué es ese cortocircuito de la cultura que en años recientes se ha dado en llamar zef y que está plenamente identificado con la banda Die Antwoord?

No existe una definición concreta de lo zef. Lo más cómodo para comenzar sería partir de lo que parece evidente: el “mal gusto”, una categoría que de una u otra forma muchos conocemos, que tiene su propia manifestación en cada cultura local pero, sobre todo, algo que pocos se atreven a cuestionar. Como antes con la idea de “alta cultura”, el mal gusto sólo existe por una oposición que implica también un juicio, en la medida en que tácitamente está por debajo del “buen gusto”. Lo kitsch, lo naco, en cierto momento incluso lo pop: en su origen, todo ello fue considerado de “mal gusto”.

Lo zef, sin embargo, parece tomar distancia de esa categoría moralizante y, como todo lo marginal, no mira con deseo aspiracional todo lo que los agentes del “buen gusto” hacen para adueñarse y monopolizar la cultura. A lo zef esto le tiene sin cuidado. Al menos tal y como lo defienden Ninja y Yo-Landi, los dos raperos sudafricanos que, junto con God, productor y DJ, conforman Die Antwoord desde 2008.

En su definición de lo zef, la mayoría de las reseñas suelen citar estas palabras que Yo-Landi, entre otras ocasiones, dijo una vez a Hermione Hoby, en Londres, cuando la periodista entrevistó a la banda para The Guardian:

[Lo zef] está asociado con personas que modifican sus coches y suenan a oro y más mierda. Zef es que eres pobre pero fancy. Eres pobre pero sexy: tienes estilo.

Esto, sin duda, nos da ya una idea si no acabada sobre lo zef, sí al menos útil para empezar a entender, al menos por la vía de la comparación. En esta época, prácticamente en cualquier territorio podríamos encontrar un equivalente local para el zef sudafricano, más aún si tomamos en cuenta que esta categoría comenzó a cobrar relevancia entre la década de 1960 y la de 1970, cuando la clase media y obrera de Johannesburg vivió cierto auge económico gracias al aumento del precio del oro en el mundo, metal que entonces se explotaba profusamente en la zona. La mejora en la economía personal y familiar se tradujo, entre otros fenómenos en uno muy especial: el “pimpeo” de los autos que ya tenían esos obreros, fuera con rines lujosos, motores mejorados, llantas nuevas. Según parece zef proviene de Zephyr, un modelo de la automotriz Ford bastante popular entre las clases medias de la capital sudafricana. Quienes comenzaron a delimitar lo zef mostraban también el desdén hacia quienes elegían gastar su recién adquirido dinero en algo aparentemente trivial como modificar un coche.

Pero eso no es todo en la definición de Yo-Landi. Antes de esas palabras –que sin duda coinciden con la historia de lo zef– hay algo más:

Zef es un poco como que nada te importa un carajo, como que vienes en tu propia presentación y estás en tu misión personal.

Y quizá esa sea la esencia auténtica tanto del término en sí como de Die Antwoord.

No existe tal cosa como el “mal gusto”. Lo excéntrico, lo diferente, lo inusual, lo que sale de la norma, son signos con los que la cultura hace evidente la vitalidad que le es propia. Y no por la cultura en sí, sino por las personas que la construyen. Esa vitalidad es en su origen subjetiva: la decisión de un par de raperos y un DJ por emprender esa misión propia, sin importar nada, sin importar que alguien califique como de mal gusto su música, su atuendo, su performance.

 

Agradecemos a Supra México la invitación que hizo a Pijama Surf para asistir al concierto de Die Antwoord en la Ciudad de México.