*

X

La era de la ansiedad o sobre cómo aprendemos a vivir con ansiedad

Sociedad

Por: PijamaSurf - 07/29/2017

El problema, grave, de este estilo de vida es que desencadena consecuencias biopsicosociales asociadas con violencia exacerbada, consumo excesivo de fármacos psiquiátricos, psicosis colectiva, etcétera

De acuerdo con el Diagnostic and Statistical Manual of Mental Disorders Edition 5 (DSM-V), el manual de referencia para trastornos psiquiátricos, psicológicos y mentales de la American Psychological Association (APA), la ansiedad es un “miedo excesivo e inapropiado que se produce durante más días de los que ha estado ausente durante un mínimo de 6 meses, en relación con diversos sucesos o actividades –laborales o escolares”. Es decir, es una anticipación aprensiva que el individuo encuentra difícil de controlar, resultando en inquietud o sensación de estar atrapado, fatiga, dificultad para concentrarse o quedarse con la mente en blanco, irritabilidad, tensión muscular, problemas de sueño, etcétera.

El DSM-V se refiere a este trastorno emocional como casos individuales, separados de una cultura. Sin embargo, conforme se realizan estudios socioculturales, se vuelve palpable que la ansiedad es actualmente un estilo de vida, una cotidianidad y realidad de una gran parte de la población mundial. Según la data del National Institute of Mental Health, el 38% de las niñas de entre 13 y 17 años y el 26% de los niños tienen un trastorno de ansiedad, mientras que aparecen hashtags como #ThisIsWhatAnxietyFeelsLike –#EstoEsLoQueSeSienteTenerAnsiedad– en redes sociales, bloggers que escriben a diario consejos para aliviar sus síntomas, confesiones de artistas famosos, obras de Broadway, una startup en forma de revistas, series televisivas, libros en torno al tema, memes y un trending topic según Google Trends, entre otros. Sin duda, mencionan algunos epidemiólogos, esta condición médica se está convirtiendo en una condición sociológica: “una experiencia que se ve alimentada con gráficas alarmantes y metástasis a través de los medios sociales” (Williams, 2017). Hay quienes incluso han bautizado a este fenómeno como la nueva era de la ansiedad, en la que se monitorean los ritmos cardíacos, se desliza el dedo sobre los teléfonos inteligentes y se inundan los estudios de meditación como un mero esfuerzo por reducir la velocidad de los pensamientos.

Alex Williams, periodista del New York Times, asocia esta cultura de la ansiedad con el nuevo juguete popular: el fidget spinner. Para él es un juguete que suele encontrarse “entre los dedos de la ‘generación Alfa’, desesperando a los profesores, desconcertando a los padres”. Si bien inició como un aparato terapéutico para regular en los niños los síntomas de ansiedad, trastorno de déficit de atención con hiperactividad o autismo, ahora es un producto popular al que en ocasiones se considera como el cubo Rubik. La diferencia, menciona Williams, es que:

el cubo es fundamentalmente cerebral, con el objetivo de tranquilizar, y perfecto para mantener ocupados a los niños de la década de los 80 que se encontraban solos, sin pasar horas en un Xbox. [Por otro lado], el fidget spinner no es nada más que energía nerviosa reproducido en un plástico, una perfecta metáfora para los niños de la actualidad con un exceso de actividades y de estímulos, quienes buscan una manera de desconectarse entre lecciones de jiu-jitsu, prácticas de clarinete y tutorías para reforzar las horas escolares.

Esto quiere decir que la ola de ansiedad ha arrasado a las generaciones más jóvenes: los niños. Ms. Peterson, reportero del The Wall Street Journal, descubrió que los estudiantes de su alma máter, la Universidad de Michigan, sufrían de estrés, ansiedad y eventualmente depresión pues desde la primaria estaban siendo presionados por tener que ser alguien en la vida: son personajes con crisis existenciales a los 20 años porque consideran que no han logrado suficiente, porque se les ha enseñado que su valor se mide a través de sus logros y que “a su edad” ya deberían estar por encima de lo que supuestamente debieron ya haber alcanzado. En inglés, se denomina slacker a la persona que es inteligente pero siente que no ha logrado nada en su vida, como una especie de tragedia por no ser tan famoso como, tan poderoso como, tan influyente como, tan rico como. Este estilo de vida resulta en crisis cada vez más frecuentes e intensas de ansiedad durante los próximos 20 años; en especial si nuestra atención se dirige hacia la comparativa en relación a lo que otras personas publican en redes sociales.

En palabras de Scott Stossel, editor de The Atlantic: “Hay una inequidad de riqueza y estatus en el mundo, una confusión general sobre los roles de género y las identidades, y por supuesto el miedo que ha estado latente durante varias décadas”. El problema, grave de este estilo de vida es que desencadena consecuencias biopsicosociales asociadas con violencia exacerbada, incidencia de enfermedades psicosomáticas, consumo excesivo de fármacos psiquiátricos e incluso psicosis colectiva. ¿Es esta la vida que se quiere vivir?

Se identifican las herramientas que caracterizan a los líderes del mañana

Sociedad

Por: PijamaSurf - 07/29/2017

Algunas conclusiones luego de monitorear el desarrollo de niños con habilidades extraordinarias

En los salones suelen sobresalir dos tipos de estudiantes por sus excelentes calificaciones: los disciplinados y constantes, cuyo esfuerzo los lleva a superar al profesor, y aquellos alumnos que al nacer ya lo habían superado. El prodigio que representa un ser humano con capacidades intelectuales superiores es motivo de curiosidad y misterio. Sobre todo, surge la interrogante respecto a cuánto de su genialidad es producto del entorno en que ha sido educado y si acaso una persona promedio puede aspirar a sus conquistas con base en dirección y perseverancia.

El programa Estudio de la Precocidad Matemática Joven (SMPY, por sus siglas en inglés) de la Universidad de Vanderbilt se ha dedicado desde 1972 a rastrear las habilidades y la carrera profesional de más de 5 mil genios. El propósito es mejorar la comprensión de sus necesidades y las causas que determinan los desarrollos profesionales tan disímiles que llegan a tener.

Los genios que monitorea este programa fueron elegidos por haber conseguido colocarse antes de los 13 años en el 3% más alto de los resultados del SAT, el examen diseñado para ingresar a la educación superior en Estados Unidos y el cual evalúa la habilidad matemática y lingüística. El SMPY encontró que las cualidades que distinguen a estos genios son la capacidad para resolver problemas matemáticos novedosos y una intensa memoria y percepción de los objetos en el espacio. Con estos atributos las nuevas generaciones pueden enfrentarse a los retos que representan ya un riesgo para la civilización: el cambio climático, los fundamentalismos, insospechadas enfermedades, etcétera.

Sin embargo, los atributos de la superinteligencia no bastan para forjar a los líderes del mañana. El SMPY también ha analizado la influencia del ambiente. Las instituciones y la sociedad que alberga al genio deben permitirle su desarrollo, como saltarse 1 año del curso. Los niños superinteligentes que han tenido esta oportunidad tienen 60% más de probabilidad de conseguir un doctorado que otros niños con la misma capacidad.