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Es probable que estés haciendo varias de estas cosas, que diversos estudios científicos muestran que reducen tus capacidades intelectuales

Como escribió el periodista Andrew Sullivan hace 1 año: "Todos entendemos las alegrías de nuestro mundo siempre conectado -las validaciones, las risas, la información... Pero apenas estamos empezando a darnos cuenta de los costos". Evidentemente, la tecnología puede producir conocimiento, puede servir para eliminar la pobreza y hacer la vida más eficiente. Pero siendo en realidad neutra, también puede producir lo contrario, especialmente cuando, como todas las otras cosas en el mundo actual, está supeditada a una economía capitalista cuyo programa o paradigma es el crecimiento infinito, los indicadores estadísticos de ganancias, y no la prosperidad y el beneficio real de las personas. El desarrollo tecnológico tiene como prerrogativa generar más ganancias, por lo cual se diseña y se programa la tecnología para enganchar a los usuarios. Los ingenieros y diseñadores de Google, Facebook, Apple, Amazon y demás, reciben sueldos por hacer productos que capturen la atención de los usuarios, sin reparar en los efectos que esto tiene a mediano o largo plazo en el cerebro de los usuarios. 

En un artículo previo muy completo que permite entender cómo la tecnología digital ha creado "una economía de la atención", expusimos cómo esta economía se sostiene apelando al sistema de dopamina del cerebro. La dopamina es el neurotransmisor que está involucrado en el circuito del placer en el cerebro, pero no es producida por el placer mismo, sino por la anticipación del placer o de recompensa por una acción. Lo que nos motiva a hacer cosas y mantener hábitos es justamente esta promesa de recibir placer de alguna acción, y esto se incrementa -se genera más dopamina- cuando existe una incertidumbre de si vamos a recibir la recompensa por el acto o no (lo que un biólogo ha llamado "la magia del tal vez"). Esto es exactamente lo que hace tan adictivas a las máquinas tragamonedas de apuestas, a los casinos y a la tecnología digital. Cada vez que checamos nuestros teléfonos, entramos a nuestro mail o hacemos un scroll down en el newsfeed de Facebook sentimos una descarga de dopamina al anticipar un posible placer -ver una foto increíble, un mensaje de alguien que queremos, una noticia que nos interesa, es similar a ver unas de esas cerezas que aparecen en una máquina tragamonedas.

El tema con esto es que la dopamina es importante para todo tipo de motivación, concentración y voluntad. Más allá de que estemos perdiendo el tiempo, estamos también formando hábitos que se van reforzando, y se va haciendo más difícil controlar nuestra atención o hacer cosas que no presentan una clara posibilidad de recompensa inmediata. Es por esto que muchos hábitos ligados a esta seducción mediada por la dopamina nos están haciendo menos inteligentes -y hay estudios que lo comprueban.

A continuación, cuatro hábitos que tienen que ver con este sistema de dopamina (pasar mucho tiempo en Facebook o en Instagram y demás; dependencia a un smartphone; ver porno en línea; procrastinar o postergar actividades que no nos dan esa descarga de dopamina inmediatamente) y un acto que en su negación impide que vayamos en contra de esta dependencia que coarta nuestra inteligencia. 

 

Tu "smartphone" no sólo consume energía eléctrica; también consume tu inteligencia

El smartphone es, seguramente, el invento tecnológico más exitoso de la historia. Se promociona globalmente como un teléfono inteligente, pero contradictoriamente, ya que diversos estudios han mostrado que el solo hecho de estar en el mismo lugar que tu teléfono drena tu capacidad mental. Una investigación sumamente relevante publicada en el Journal of the Association for Consumer Research midió a personas realizando diferentes tareas cognitivas con su teléfono prendido, apagado, con el teléfono a la distancia, y en diferentes modos, para determinar cómo afecta esto su desempeño. Los investigadores concluyeron que el smartphone  produce lo que llaman "brain drain", drenaje cerebral, "al ocupar la capacidad limitada de recursos cognitivos con el propósito de control de atención". En otras palabras, la sola presencia del teléfono -el cual, según otro estudio, tocamos en promedio más de 2 mil 500 veces al día- nos distrae, consume algo de nuestra atención. Esto tiene una clara lógica, pues la teoría cognitiva mantiene que siempre estamos rodeados de información significativa, pero nuestra capacidad de usar esta información depende de la capacidad de atender a ella que tengamos. Los científicos utilizan el término "memoria de trabajo" o memoria disponible, que es el sistema cognitivo que permite "soportar cognición compleja al activamente seleccionar, mantener y procesar información relevante a una tarea". Esta memoria refleja nuestros recursos de atención y si nuestra atención está dividida pierde poder, de la misma manera que una computadora pierde RAM cuando está realizando numerosas actividades al mismo tiempo. 

Los investigadores también notaron que estar en presencia de tu teléfono celular afecta lo que llaman "inteligencia fluida", la cual es la capacidad de resolver problemas nuevos o responder a desafíos en el presente que no tienen una relación directa con información almacenada.

Es importante notar que el estudio descubrió que el teléfono afecta la inteligencia de las personas aun cuando no están conscientemente haciéndole caso al mismo. Se encontró una mejora en los resultados cognitivos cuando el individuo es separado de su teléfono, pese a que investigaciones previas sugerían la existencia de ansiedad por la separación. 

 

Pasar mucho tiempo en redes sociales

Aunque no hay un estudio tan contundente como el que citamos anteriormente, existen claros indicios de que pasar mucho tiempo en Facebook, Instagram, Twitter y demás afecta nuestra inteligencia. Por una parte, habitúa nuestro sistema de dopamina a activarse ante la promesa de intermitentes y efímeras recompensas. Por otro lado, Facebook y otras redes sociales han creado lo que se conoce como la cámara de ecos y la burbuja del filtro, esto es, un loop o un circuito cerrado de información que solamente refuerza lo que ya de entrada nos gusta -el algoritmo de Facebook funciona dándonos más de lo mismo, de lo que le hemos avisado que nos gusta. Aunque esto puede ser muy placentero, tiene el problema de que evita que nos enfrentemos a información que desafía nuestras creencias preestablecidas. Esto es un semillero de fundamentalismo y conformismo intelectual. El algoritmo de Facebook, por este reforzamiento de los prejuicios y por la abundancia de las "fake news", actualmente está siendo discutido seriamente como un problema para la democracia. Las otras redes sociales no se salvan, pues han copiado en gran medida ese reforzamiento de lo que te gusta. Pasar mucho tiempo en redes sociales como Instagram, por otro lado, está asociado a la depresión y ansiedad social. De manera general podemos concluir, como apunta la autora Nancy Collier, que nos estamos haciendo "adictos a salirnos del momento. Nos distraemos de dónde estamos". Ya sea checando el newsfeed de una red social o constantemente checando nuestro teléfono para ver si tenemos notificaciones, lo que opera, sin que nos demos cuenta muchas veces, es una neurosis ante la realidad presente inmediata que se desdobla como una necesidad de entretenernos con algo, generalmente con un medio digital que nos permite no tener que observar nuestro estado mental, emocional y físico.

 

Ver mucho porno

La pornografía en línea es la esencia de cómo funciona lo que ha sido llamado "la dopamina digital", la droga de la era de la información. Nos presentan casi infinitas opciones que prometen satisfacer nuestros más puros y duros deseos sexuales -pero lo hacen solamente con el simulacro de la acción, aunque ésta sea sumamente realista. En otras palabras, tener sexo es sustituido por ver porno -que es casi lo mismo, pero no igual. Con el porno, además, podemos ensayar este seudosexo con numerosas personas, y con mujeres u hombres con los cuales difícilmente podríamos hacerlo en la vida real. Los sitios de porno sirven un enorme menú de opciones con contenido a la medida, siempre actualizándose, lo cual sugiere al usuario la posibilidad de encontrar las escenas que finalmente lograrán satisfacer su fantasía. Pero el deseo no tiene final. Y siempre habrá otras escenas y otros momentos de excitación vinculándose a esas posibilidades, lo que crea un ciclo de adicción.

El sitio Your Brain on Porn hace una buena descripción:

No hay forma de que un usuario viera 300 vaginas antes de salir de la cama en la mañana, si sólo tuviera una revista, o incluso una mujer. La pornografía constantemente novedosa es excitante. Su cerebro descarga dopamina con cada nueva imagen, incluso mientras apaga algunos receptores neurales. Empieza a valorar su profuso panorama de vaginas por sobre los estímulos en 3D....

Un usuario describe lo que sucede:

¿Cómo podrías estar sintetizando un orgasmo basándote en docenas de fotos? Estás siempre buscando ese cuadro único... tomas unos 100 entre los cuales estás seguro que va a estar el que te va a llevar al clímax. Pero aun así no terminas. 20 segundos antes pensabas que esta imagen era la más sexy que jamás habías visto, pero vuelves a renovar tu cacería por otra imagen, aunque ya vas a llegar tarde al trabajo.

El problema con esto es que no sólo perdemos el tiempo; trastornamos nuestras relaciones en la vida no virtual, o hacemos más difícil poder tener relaciones. Y todo esto tiene efectos cognitivos: un estudio notó que ver porno hace que se reduzca la materia gris del cerebro.

 

Procrastinar

Aunque recientemente han aparecido artículos en múltiples medios en los que se señalan los beneficios de procrastinar, es evidente para cualquier persona que tiene el hábito de postergar cosas que quiere hacer, que esto no sólo afecta la productividad sino en general el nivel de bienestar y satisfacción personal. Evidentemente el extremo de nunca relajarse y de conflictuarse por cualquier cosa que no cumplimos es también dañino -la inteligencia está en la disciplina, pero también en la flexibilidad. De cualquier manera, procrastinar constantemente evita el cumplimiento de tareas que pueden no sólo beneficiarnos económica o creativamente sino mejorar nuestra inteligencia. Generalmente, las cosas que procrastinamos son las que nos cuestan trabajo y no presentan una fácil recompensa -evitar el dolor y buscar el placer impide nuestro crecimiento. Cosas como aprender idiomas o instrumentos musicales, emprender proyectos como escribir un libro o formar un organismo para ayudar a las demás personas aumentan nuestra inteligencia, pero solemos procrastinar estas actividades porque no producen placer inmediato. 

Jordan Peterson, profesor de la Universidad de Toronto, tiene una especie método altamente efectivo para dejar de procrastinar, el cual puedes consultar aquí. Según Peterson, la forma en la que un individuo crece realmente es enfrentándose a las cosas a las que le tiene miedo, por lo cual es fundamental empezar a dejar de hacer las cosas que sabemos que nos hacen daño y comenzar a hacer las cosas que sabemos que nos hacen bien (y nos llevan a nuestra meta) pero nos cuestan trabajo o nos dan miedo. Es útil saber que clínicamente se ha encontrado que enfrentar estas cosas fortalece a una persona, y esto desbloquea su potencial y presenta la posibilidad de realmente superar todo aquello que actualmente nos hace sufrir. Realmente no sabes en quién puedes convertirte si empiezas a aprovechar tu tiempo y a invertir en ti mismo.

Lee también: Por qué evitar el dolor y buscar el placer impide que alcances tu potencial como individuo

 

No ayunar intermitentemente

Ayunar -ya sea dejar de hacer ciertas comidas, o hacer ayunos o detox digitales- es la forma de contrarrestar la inercia de los hábitos de pérdida de atención y voluntad ligados a un sistema de recompensas de dopamina digital. Pocas personas hacen ayunos, pese a que, cuando no se tienen ciertas enfermedades (en cuyo caso, puede ser peligroso y se debe consultar a un médico antes), se ha demostrado que dejar de comer por 12 o más horas produce un estado de ketosis o cercano a la ketosis, que mejora la cognición.

Uno de los pioneros en el estudio de los ayunos intermitentes, el doctor Mark Mattson, mantiene que el ayuno intermitente funciona de manera similar al ejercicio y, de hecho, ambos tienen beneficios parecidos. El ayuno coloca al cerebro en un estado de estrés moderado equivalente a un evento que lo sitúa en un reto, por el cual se activan patrones de adaptación al estrés. Este estado de reto incrementa lo que se conoce como factores neurotróficos o neurotrofinas, una familia de proteínas que promueven la sinaptogénesis y la neurogénesis, es decir, mejoran las conexiones y ayudan al crecimiento de neuronas. En cierta forma, el ayuno intermitente genera los mismos beneficios que someter al cerebro a retos como tocar un instrumento musical o aprender un idioma nuevo. Según Valter Longo, los ayunos más prolongados podrían beneficiar al sistema inmune.

El otro beneficio importante de realizar ayuno de alimentos y ayunos o períodos en los que nos desconectamos de la tecnología digital es que desentrenamos a nuestro cerebro a sólo motivarse cuando tiene una clara recompensa, cuando siente la descarga de dopamina que le hace pensar que va a recibir placer. Nos entrenamos a ser capaces de no recibir placeres comunes y efímeros, orientándonos a metas más significativas. De alguna manera nos liberamos de esta tendencia a sólo actuar por la promesa de recibir algo a cambio, nos volvemos más estoicos y menos hedonistas.

Lee también: ¿Qué es la dopamina digital y cómo se convirtió en la droga que tiene enganchado al mundo?

Chögyam Trungpa Rinpoche, consciente de los peligros pero también de las cualidades del alcohol, escribe sobre cómo utilizar alquímicamente esta sustancia, algo que sólo puede hacerse con cierta madurez y dominio de la atención

Chögyam Trungpa Rinpoche fue el maestro tibetano que primero trajo el budismo tántrico a Estados Unidos. Trungpa fundó una universidad (Naropa, en Colorado), fue maestro de importantes artistas y celebridades (entre ellos Allen Ginsberg) y, como quizás ningún maestro budista antes ni después, entendió la mentalidad occidental y acopló a ella las profundas enseñanzas del vajrayana (budismo tántrico). Trungpa dominó con sutileza el inglés, experimentó con la pintura, la poesía y los arreglos florales, se vistió como un elegante dandy (generalmente de traje) e incorporó algunos de los hábitos de la sociedad occidental -como fumar y beber alcohol. Aunque esto ha sido sumamente controversial, sus alumnos -algunos de los cuales son destacados maestros budistas actualmente, como Pema Chödrön- mantienen que todo eso fue sólo un medio hábil para poder vincularse de manera más íntima con ellos, para establecer un puente comunicativo entre la mente sublime de un maestro realizado y jóvenes estadounidenses confundidos por el materialismo espiritual y los fatuos sueños de una estéril revolución psicodélica.

El texto que presentamos a continuación aparece como el décimo capítulo del libro The Heart of the Buddha: Entering the Tibetan Buddhist Path. Hay que precisar que este texto contiene una gran sutileza y está lleno de ironía, por lo cual debe leerse con cuidado, no tomarse literal, y reflexionar en torno a él. Trungpa escribió esto hace unos 40 años; sin duda, los hábitos han cambiado. Los millennials, por ejemplo, al parecer beben menos y tienen también menos sexo. El alcohol como lubricante social quizás ya no tiene el mismo protagonismo -hoy se utilizan las redes sociales para crear esta primera apertura. En Estados Unidos, los jóvenes parecen preferir fumar marihuana a beber alcohol (beber alcohol es más peligroso para la salud, y provoca muchas más muertes) (pero, paradójicamente, las personas que beben alcohol viven más en promedio que las que no beben nada de alcohol). Por otro lado, el alcohol ha sido utilizado por innumerables culturas dentro de un contexto ritual o festivo, y ha sido laudado y exaltado por grandes artistas, místicos y demás. El alquimista y erudito mallorquín Raimundo Lulio, una de las mentes más brillantes del período prerrenacentista europeo, consideró que el alcohol (aqua-ardens) era la quintaesencia. Lulio fue uno de los primeros en destilar alcohol, extrayéndolo del vino. En la alquimia y en la medicina el alcohol jugaría un papel importante, al fijar una esencia o "capturar un espíritu"; y en la alquimia, el término "alcohol" llegó a significar "espíritu rectificado". Luego conoceríamos popularmente a las bebidas destiladas como "espíritus". Otra etimología, quizás la más aceptada, mantiene que viene del árabe "kohl", un polvo metálico utilizado como delineador de los ojos. Otros trazan la etimología al árabe "al-ḡawl": "efecto maligno", "espíritu" o "demonio"; de aquí viene la palabra inglesa "ghoul", que significa genio, demonio o espíritu. El alcohol parece oscilar en esta fina balanza entre el veneno y la medicina, entre lo diabólico y lo divino.

Trungpa escribe desde la perspectiva del budismo tántrico. Para los tibetanos la perspectiva tántrica es una visión sublime de la realidad que requiere de una enorme madurez espiritual, especialmente porque se basa en la trascendencia de la dicotomía bueno-malo, sujeto-objeto. No renuncia al mundo ni se protege de las cosas que pueden afligir a la mente inmadura; va más allá la dualidad de utilizar antídotos para contrarrestar efectos negativos -con esto se acerca a la alquimia y a la homeopatía. ¿Es bueno o malo el alcohol? Evidentemente, ni uno ni otro -depende de cómo se use, y, sobre todo, depende de la persona que bebe y de su estado de conciencia y entendimiento. Beber puede ser también una forma de practicar (dentro de una tradición espiritual o contemplativa), pero se requiere hacerlo con una clara intención y con una insoslayable atención. Esto requiere una gran madurez, según Trungpa, ya que el alcohol produce una mezcla de jovialidad expansiva y depresión, y para mantenerse atento y ecuánime hay que atender a las dos y no aferrarse sólo a una. Asimismo, es muy común que algunas personas crean, engañados por su ego, que su estado de conciencia es similar al de un maestro tántrico y entonces tendrán licencia de usar cualquier sustancia argumentando que todo tiene un mismo sabor no-dual, que toda experiencia es igualmente sagrada y que están más allá de toda dicotomía. Sobra decir que la gran mayoría de las personas, de hacer esto, estarían viviendo una delirante fantasía. Es necesario tener cierta humildad y no perseguir el placer y huir del dolor para poder beber conscientemente. Trungpa, quien demuestra un gran entendimiento de los efectos y engaños del alcohol (y de la psicología del bebedor), parece decirnos que debemos evitar beber para sedarnos, escapar a otra realidad o matar el tedio. Y que podemos beber en ocasiones de manera consciente, sin culpa, utilizando una cierta cualidad del alcohol, que nos hace estar en el presente, que llama nuestra atención a la sensación inmediata que se produce en el cuerpo y en la mente. Observar este efecto y estar atento a las sensaciones es una manera de beber conscientemente y atender al "espíritu" que se mueve en nosotros; paradójicamente, el alcohol puede aterrizarnos -esto es lo que hace en término alquímicos, fija el espíritu volátil. Por supuesto, si nos distraemos, este espíritu, este genio en la botella, rápidamente puede convertirse en demonio.

 

El alcohol como veneno o medicina

La naturaleza del hombre es buscar comodidad y entretenerse a sí mismo con todo tipo de placeres sensuales. Desea un hogar seguro, un matrimonio feliz, amigos estimulantes, comida deliciosa, ropa fina y buen vino. Pero la moralidad generalmente enseña que esta forma de indulgencia no es buena; debemos concebirnos a nosotros mismos de una forma más amplia. Debemos pensar en nuestros hermanos y hermanas que carecen de estas cosas; en vez de caer en la autoindulgencia, debemos ser generosos y compartir lo que tenemos con ellos. El pensamiento moralista tiende a ver al alcohol como perteneciente a la categoría de excesiva autoindulgencia; incluso puede que vea al alcohol como una actividad burguesa. Por otra parte, aquellos que gustan de beber obtienen una sensación de bienestar del alcohol que les permite ser más amables y abrirse con sus amigos y colegas. Sin embargo, incluso estos, generalmente albergan algún tipo de culpa por beber; temen que pueden estar abusando de sus cuerpos y se sienten deficientes en amor propio.

Hay un tipo de bebedor que trabaja duro en el día, haciendo pesadas labores o algún tipo de oficio físico. Este bebedor gusta de llegar a casa y tomar un trago después del trabajo o alzar una copa o dos en una animada congregación en un bar. Luego hay algunos bebedores más gentiles -como ejecutivos y hombres de negocios- que habitualmente crean una atmósfera de convivencia y jovialidad en sus relaciones abriendo botellas. Estos últimos tienden más a tener un sentido oculto de culpa que sus hermanos proletarios que celebran el fin de la jornada. De cualquier manera, invitar a alguien a beber parece tener más vida que invitar a alguien a tomar un té. Otras personas beben para matar el aburrimiento, misma razón por la cual algunos fuman. Un ama de casa que ha terminado de barrer o de lavar, a veces puede tomar una gotas mientras que contempla la decoración u observa las últimas revistas de moda. Cuando el bebé llora o suena el timbre, tal vez tome un shot antes de enfrentar la situación. El trabajador de oficina aburrido tal vez mantenga una ánfora en su escritorio para poder tomar un trago entre las visitas de su jefe o de su secretaria. Tal vez busque alivio del tedio con una visita a un bar a la hora de la comida. Las personas que toman en serio al alcohol se relacionan con él como un refugio del ajetreo existencial; pero también temen que se pueden convertir en alcohólicos. En estas situaciones psicológicas hay un amor y odio en el estilo de beber, el cual se mezcla con una sensación de adentrarse en lo desconocido. En algunos casos este viaje a lo desconocido podría haber producido antes una claridad, la cual, en la presente situación, sólo puede enfrentarse a través de la bebida. De otra manera, esa claridad se vuelve demasiado dolorosa. Uno de los problemas que enfrentan los bebedores convencidos es ser acosados por la visión moralista del alcohol, la cual presenta la cuestión artificial de si uno debería beber o no. En el trance de esta cuestión, uno busca reforzamiento entre los amigos. Algunos pueden unirse a beber libremente. Otros tendrán definitivamente reservas sobre cuándo y cómo beber. El verdadero bebedor siente que esas personas son amateurs, ya que nunca se han relacionado de todo corazón con el alcohol. Comúnmente sus reservas son sólo convenciones sociales: de la misma manera que el lugar para estacionar el coche es el estacionamiento, así también uno sabe cuál es el punto adecuado después del cual uno ya no debería beber. Está bien beber mucho en fiestas o cenas testimoniales siempre y cuando uno beba con la propia esposa o esposo y se vaya a casa en taxi.

En realidad, parece que hay algo equivocado en este acercamiento al alcohol basado solamente en la moralidad y en la conducta social. Los escrúpulos implicados tienen que ver sólo con los efectos externos que tiene beber. El verdadero efecto del alcohol no es considerado, sólo su impacto en el formato social. Por otro lado, un bebedor  siente que hay algo valioso en beber, más allá del placer que obtiene por hacerlo. Existe una calidez y una apertura que parecen provenir de relajar el autocontrol y la autoconciencia. También existe una cierta confianza de poder comunicar adecuadamente las percepciones, lo cual cancela la sensación común de ser inadecuados. Los científicos notan que pueden solucionar sus problemas; los filósofos tienen nuevas introspecciones; y los artistas descubren percepciones claras. El bebedor siente más claridad porque siente con mayor realidad lo que es; por lo tanto, sus fantasías y elucubraciones pueden hacerse a un lado. Parece que el alcohol es un veneno débil, que puede transmutarse en una medicina. Una antigua fábula persa habla de cómo el pavo real se alimenta del veneno, lo cual nutre su sistema y hace que brille su plumaje. La palabra whiskey viene del gaélico uisgebeatha, lo cual significa "agua de la vida". Los daneses tienen su aquavit. La papa rusa produce vodka, "pequeña agua". Estos nombres tradicionales sugieren que el alcohol puede usarse sin daño y que quizás tiene propiedades medicinales. De cualquier manera, el poder del alcohol ha afectado las estructuras sociales y psicológicas en gran parte del mundo a lo largo de la historia. En el misticismo de la India, tanto hindú como budista, el alcohol es llamado amrita, la poción inmortal. Birwapa, un siddha indio, logró la iluminación cuando tomó siete galones de licor una tarde. El Sr. Gurdjief, un maestro espiritual que enseñó en Europa, habló de las virtudes del "beber conscientemente" e insistió en que sus alumnos practicaran el beber conscientemente entre ellos. 

Beber conscientemente es una demostración real y obvia del poder de la mente sobre la materia. Nos permite relacionarnos con las varias etapas de la intoxicación: experimentamos nuestras expectativas, una delicia casi maléfica cuando los efectos empiezan a sentirse, y la ruptura final de la frivolidad en la que las fronteras habituales se empiezan a disolver. Sin embargo, el alcohol puede fácilmente pasar de una medicina a un tónico mortal. La sensación de jovialidad y expansiva cordialidad puede seducirnos y hacernos perder nuestra atención. Afortunadamente, existe una cierta depresión que viene con beber alcohol. Existe una fuerte tendencia a aferrarse a la cordialidad e ignorar la depresión; este es el instinto mecánico. Y es un gran error. Si tomamos alcohol simplemente como una sustancia que nos alegrará o nos hará aflojar como un sedante, se convierte en algo extremadamente peligroso. Esto ocurre con el alcohol y con cualquier otra cosa en la vida con la que nos relacionamos sólo parcialmente [debemos enfrentar, siempre, también la sombra de las cosas]. Existe una enorme diferencia entre el alcohol y otras sustancias embriagantes. En contraste con el alcohol, sustancias como el LSD, la marihuana y el opio, no traen consigo una depresión simultánea. Si esta depresión ocurre, es sólo de naturaleza conceptual. Pero con el alcohol, siempre hay síntomas físicos, ya sea cambio de peso, pérdida de apetito, una sensación creciente de pesadez (que incluye las resacas), etc. Siempre se mantiene la sensación de que uno sigue teniendo un cuerpo. Psicológicamente, la intoxicación del alcohol es un proceso de ir hacia abajo, a diferencia de subir hacia el espacio, como ocurre con otras sustancias. Ya sea que el alcohol se vuelva veneno o medicina, esto depende del nivel de atención que uno tiene cuando bebe. Beber conscientemente, permaneciendo atento al propio estado mental, transmuta los efectos del alcohol. Aquí el estado de atención involucra un incremento de la vigilancia del propio sistema como un inteligente mecanismo de defensa. El alcohol se vuelve destructivo cuando uno se entrega a la jovialidad -bajar la guardia hace que los venenos entren en el cuerpo.

El alcohol puede ser un buen campo de prueba. Trae a la superficie el estilo latente de las neurosis del bebedor, el estilo que habitualmente oculta. Si sus neurosis son fuertes y ocultas habitualmente en la profundidad, luego suele olvidar lo que pasó cuando estaba borracho o se avergüenza demasiado como para recordarlo. La creatividad del alcohol inicia cuando hay una sensación de bailar con su efecto -cuando uno toma los efectos con sentido del humor. Para el bebedor consciente o el yogui, la virtud del alcohol está en que lo lleva a la realidad ordinaria, así que uno no se disuelve en un estado meditativo de no-dualidad. En este sentido el alcohol actúa como un elixir de la larga vida [puesto que el yogui necesita algo que lo haga adherirse al cuerpo]. Aquellos que están demasiado involucrados con la sensación de que el mundo es un espejismo o una ilusión, deben ser sacados de su meditación a un estado de no meditación para relacionarse con las personas. En este estado, las apariencias, los sonidos, los olores del mundo se vuelven de sobremanera conmovedores y humorísticos. Cuando el yogui bebe, es su forma de aceptar el mundo dualista de la experiencia ordinaria. El mundo requiere de su atención -de su relacionarse con- y de su compasión. Se alegra y divierte por tener esta invitación para comunicarse. Para el yogui, el alcohol es combustible para relacionarse con sus estudiantes y con el mundo en general, de la misma manera que la gasolina permite que un automóvil se relacione con el camino. Pero, naturalmente, el bebedor ordinario que trata de emular este estilo trascendental de beber convertirá el alcohol en veneno. En las enseñanzas hinayana del budismo, se registra que el Buda reconvino a un monje por meramente saborear una hoja de pasto remojada en alcohol. Hay que entender que el Buda con esto no estaba condenando los efectos del alcohol, sino condenando la atracción hacia él, involucrarse con él como una tentación. El concepto del alcohol como una tentación diabólica es muy cuestionable. Cuestionar esta concepción conlleva una incertidumbre sobre si el alcohol está ligado al mal o al bien. Esta incertidumbre puede crear en el bebedor una sensación de inteligencia y carencia de medio. Lo lleva a relacionarse con el momento presente tal como es. Voluntad e inteligencia sin miedo ante lo inmediato y frente a lo desconocido son la energía básica de la transmutación que es descrita en la tradición tántrica budista. En el Guhyasamaja Tantra, el Buda dice: "Aquello que intoxica a la mente dualista es, de hecho, la pócima natural de la inmortalidad". En el tantra budista, el alcohol se utiliza para catalizar la energía fundamental de la intoxicación; esto es, la energía que transmuta la dualidad del mundo de las apariencias en advaya -"no-dos". Así, la forma, el olor, el sonido pueden ser percibidos literalmente como son, dentro del reino de mahasukha, la gran dicha. El Chakrasamvara Tantra dice: "Sólo con dolor y sin placer, uno no puede liberarse. El placer existe dentro del cáliz del loto. Esto el yogui debe nutrir". Esto coloca gran énfasis en el placer. Pero la comprensión del placer viene de relacionarse abiertamente con el dolor.   

El alcohol trae consigo una euforia que parece ir más allá de las limitaciones; al mismo tiempo trae también la depresión de saber que uno sigue en el cuerpo y que las propias neurosis siguen pesando. Los bebedores conscientes pueden tener un vislumbre de ambas polaridades. En el misticismo tántrico, el estado de intoxicación es llamado el estado de no-dualidad. Esto no debe entenderse como una seducción que nos cautiva -y, sin embargo, un vislumbre del orgasmo cósmico de mahasukha es posible para el bebedor consciente. Si uno se abre lo suficiente como para eliminar la mezquindad del apego a la propia liberación aceptando la noción de libertad [es decir, que uno ya es libre tal como es], en lugar de dudar de ella, uno logra los medios hábiles y la sabiduría. Esto es considerado el más alto intoxicante. 

 

Twitter del traductor: @alepholo