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La sorprendente nómina literaria de 'Playboy': 15 grandes escritores que publicaron en la revista de Hugh Hefner

Libros

Por: pijamasurf - 10/03/2017

Gabriel García Márquez, Haruki Murakami, Margaret Atwood: algunos autores de la numerosa y notable nómina literaria que ha tenido la revista 'Playboy' en su historia

Al decir Playboy lo más común será pensar en una de las revistas para adultos más emblemáticas de la historia reciente. Por razones culturales pero también, desde cierta perspectiva, por méritos propios, Playboy se convirtió bajo la égida del recientemente fallecido Hugh Hefner en un referente imprescindible de la pornografía soft, las publicaciones de consumo masivo, la comercialización de un proyecto editorial e incluso para la literatura.

Quizá a algunos les pueda parecer sorprendente o desconocido, pero Playboy tiene reservado también un lugar en la historia de las letras y los autores, pues en varios de sus números dio acogida a narraciones que con el tiempo serían reconocidas como fundamentales para distintas literaturas.

A continuación compartimos un recuento breve de dichas piezas y, en su caso, un enlace al texto para poder leerlo en línea.

 

Charles Beaumont, “The Crooked Man”

Un autor más bien desconocido en español, Beaumont destacó en su lengua natal como escritor de ciencia ficción y, notablemente, como guionista de The Twilight Zone (La dimensión desconocida). En la historia de Playboy, Beaumont cuenta con el distintivo de haber sido el primero en publicar una pieza de ficción literaria en las páginas de la revista: “Black Country”. Fue sin embargo con "The Crooked Man” que el escritor ganó mayor relevancia, un cuento cuyo protagonista es un hombre heterosexual perseguido por una sociedad donde la homosexualidad es la norma y donde, por lo mismo, tanto hombres como mujeres heterosexuales viven marginados y escondidos. Ante las muchas cartas que Playboy recibió en queja por esta publicación, Hugh Hefner dijo: “Si está mal perseguir heterosexuales en una sociedad homosexual, entonces lo contrario también”.

Enlace para leer “The Crooked Man” (en inglés)

 

Ray Bradbury, “The First Night of Lent”

Ray Bradbury no es sólo uno de los autores más célebres que Playboy ha publicado, sino además es uno de los autores cuya obra apareció con más frecuencia en las páginas de la revista. Además de fragmentos de Farenheit 451 y algunas entrevistas, Bradbury publicó el cuento “The First Night of Lent”, traducido como “La primera noche de Cuaresma” y que se encuentra también en su libro Remedio para melancólicos.

 

Gabriel García Márquez, “El ahogado más hermoso del mundo”

Antes de convertirse en un escritor reconocido y celebrado, Gabriel García Márquez deambuló por distintas publicaciones periódicas, entre ellas, inesperadamente, Playboy, en donde publicó “El ahogado más hermoso del mundo”, una muestra todavía incipiente del realismo mágico que después consolidaría como su estilo literario personal y el cual fue incluido después en el tomo que lleva por título otra de sus narraciones célebres, La increíble y triste historia de la Cándida Eréndira y de su abuela desalmada (1972).

Enlace para leer “El ahogado más hermoso del mundo”

 

Italo Calvino, “El incendio de la casa abominable”

Otro gran escritor que pasó por las páginas de Playboy fue Italo Calvino, quien figuró con el cuento “El incendio de la casa abominable”.

 

Jorges Luis Borges, “El otro” 

El gran Borges, para sorpresa de muchos, también formó parte de la nómina de Playboy, que en el número de mayo de 1977 publicó su cuento “El otro” traducido por Thomas di Giovanni .

Enlace para leer “El otro”

 

Roald Dahl, “The Visitor”

Conocido sobre todo por sus historias para niños –Matilda, Charlie y la fábrica de chocolate, etc.– y por las adaptaciones cinematográficas de esas historias, Dahl fue también un autor para el público adulto. A Playboy entregó un cuento, “El visitante”, que combina el erotismo con el misterio y el horror.

 

Haruki Murakami, “El segundo ataque a la panadería”

En los años en que Murakami comenzó a ganar fama entre los lectores de Occidente, publicó en Playboy un cuento que después seria recogido en el tomo El elefante desaparece (traducido y publicado en español por Tusquets). Se trata de “El segundo ataque a la panadería”, cuyos hechos comienzan cuando un hombre confiesa a su esposa que en su juventud asaltó una panadería. En español también ha sido publicado por la editorial Libros del Zorro Rojo en una edición ilustrada.

 

Jack Kerouac, “Before the Road”

On the Road, la novela que dio a Jack Kerouac el pasaporte al canon de la literatura estadounidense, tiene una especie de capítulo previo que el autor dio a Playboy en 1959. En este relato, Dean Moriarty no conoce aún a Kerouac.

 

David Foster Wallace, “Late Night”

Otro autor fundamental de la literatura estadounidense contemporánea, David Foster Wallace, publicó por primera vez en una revista de circulación masiva cuando Playboy aceptó su cuento “My Appearance”, el cual cambió de título a “Late Night” cuando Alice Turner, entonces editora, sugirió esa y otras modificaciones.

Enlace para leer "My Appearance" (en inglés)

 

Ursula K. Le Guin, “Nine Lives”

La ciencia ficción fue durante varios años uno de los géneros preferidos en Playboy. Además de Bradbury y Beaumont, otro gran referente de este tipo de literatura publicó en las páginas de la revista: Ursula K. Le Guin.

Enlace para leer "Nueve vidas" (en español)

 

Kurt Vonnegut, Armageddon in Retrospect 

Uno de los autores literarios más recurrentes de Playboy, Vonnegut contribuyó a la revista con artículos, ensayos y narraciones. Armageddon in Retrospect es el libro póstumo que reúne dichas piezas.

 

Margaret Atwood

Atwood ha ganado cierta relevancia recientemente por el éxito de la serie The Handmaid’s Tale, basada en la novela homónima de la escritora canadiense. Su trayectoria, sin embargo, dista mucho de ser nueva, al igual que su prestigio. Playboy es, curiosamente, una revista donde ha publicado con cierta frecuencia desde 1991, cuando apareció su cuento “The Bog Man” (“El hombre pantano”).

 

Norman Mailer, "Rumble in the Jungle"

Entre los varios artículos e historias que Mailer escribió para Playboy, quizá lo más destacado sea la crónica que realizó de la legendaria pelea entre Muhammad Ali y George Foreman que tuvo lugar en 1974 en Kinshasa, Zaire (en ese entonces, la República Democrática del Congo). Poco después el texto fue publicado como libro con el título de The Fight e, incluso, recientemente la casa Taschen lo retomó añadiéndole las notables fotografías de Neil Leifer.

 

Gore Vidal

Aunque Gore Vidal escribió ficción, en Playboy destacó sobre todo por el ensayo “Sex in Politics” (“El sexo en la política”), publicado en enero de 1979, que probablemente fue para muchos lectores de la revista una de las primeras aproximaciones a los conceptos de heteronormatividad y patriarcado.

 

Hunter S. Thompson, "The Great Shark Hunt”

El creador del periodismo gonzo, celebrado por su crónica del Derby de Kentucky, llegó a publicar también en Playboy, en 1974, una crónica sobre la borrachera de unos pescadores en Cozumel, México. El texto dio título a un tomo póstumo que recoge otros reportajes de Thompson y que en español ha sido traducido y publicado por la editorial Anagrama.

 

¿Qué te parece? ¿Esperabas que Playboy fuera una revista de tan alta calidad literaria? No dejes de compartirnos tu opinión en la sección de comentarios de esta nota o en nuestras redes sociales.

 

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"Cuando leemos, otro piensa por nosotros": un fragmento de Schopenhauer sobre la lectura en relación con la vida

Libros

Por: pijamasurf - 10/03/2017

Leer es una actividad aún más fecunda cuando está acompañada de nuestras experiencias personales

En Pijama Surf hemos abordado antes la idea sumamente repetida actualmente de que “leer es bueno”. Muchas campañas de promoción de la lectura se apoyan en esta afirmación que, en cierta forma, es tan cierta como ambigua.

Leer, en efecto, es una actividad noble, provechosa, decisiva para el crecimiento individual y colectivo del ser humano, y aun las personas que no cultivan el hábito de la lectura podrían llegar a convenir en esto.

Sin embargo, como usualmente sucede con las categorías de “bueno” y “malo”, apenas se les escuche es muy conveniente preguntarse por la perspectiva desde la cual se califica algo de una u otra manera. ¿Leer es bueno por sí mismo? ¿No leer es malo? ¿Toda lectura es “buena”? ¿Hay libros buenos y libros malos? ¿Y quién decide?

Para algunos estas preguntas quizá podrían parecer elementales, pero no todos los que se acercan a los libros tienen en su horizonte un faro que los guíe a través de ese mar más o menos infinito de la lectura.

A este respecto compartimos ahora una reflexión de Arthur Schopenhauer sobre la lectura, su utilidad y, más específicamente, una forma muy singular de incorporarla a nuestra vida. El fragmento proviene del tomo Pensamiento, palabras y música publicado por la editorial Edaf. Veamos:

Cuando leemos, otro piensa por nosotros; repetimos simplemente su proceso mental. Algo así como el alumno que está aprendiendo a escribir y con la pluma copia los caracteres que el maestro ha diseñado antes con lápiz. La lectura nos libera, sentimos un gran alivio cuando dejamos la ocupación con nuestros propios pensamientos para entregarnos a la lectura. Mientras estamos leyendo, nuestra cabeza es, en realidad, un campo de juego de pensamientos ajenos. Y cuando éstos se retiran, ¿qué es lo que queda? Por esta razón, sucede que quien lee mucho y durante casi todo el día, y en los intervalos se ocupa de actividades que no requieren reflexión, gradualmente pierde la capacidad de pensar por sí mismo --como el individuo que siempre va a caballo se olvida de caminar--. Tal es el caso de muchas personas muy cultas. Acaban siendo incultas de tanto leer.

La constante lectura, que se retoma en cada momento que tenemos libre, paraliza el espíritu más que el trabajo manual continuo, pues, en éste, puede uno dedicarse a sus propios pensamientos. Un muelle, bajo la presión continuada de un cuerpo extraño, acaba perdiendo elasticidad, y el espíritu pierde la suya bajo la imposición constante de pensamientos ajenos. Como el exceso de alimento echa a perder el estómago y daña a todo el organismo, se puede también sobrecargar y sofocar el espíritu por exceso de alimento intelectual. Cuanto más se lee, menos huellas quedan en la mente de lo que se ha leído: la mente es un tablero en el que hay escritas muchas cosas, unas sobre otras. Así no se llega a rumiar, y tan sólo rumiando se asimila lo que se ha leído; del mismo modo que los alimentos nos nutren, no porque los comemos, sino porque los digerimos. Si se lee de continuo, sin pensar después en ello, las cosas leídas no echan raíces y se pierden en gran medida. El proceso de alimentación mental no es distinto del corporal: apenas se asimila la quincuagésima parte de lo que se absorbe. El resto se elimina por evaporación, respiración, etcétera.

A esto hay que añadir que los pensamientos depositados en el papel no son más que las huellas de un caminante sobre la arena: podemos ver la ruta que siguió, pero, para saber lo que vio en su camino, tenemos que usar nuestros propios ojos.

Más allá de que sea bueno o malo leer, en este fragmento Schopenhauer nos invita a pensar en los motivos que nos llevan a hacerlo. Leer es importante y, sin duda, puede resultar muy fecundo, pero más todavía cuando lo hacemos con sentido, acompañando la lectura con las experiencias de nuestra propia vida.

 

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