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Descubre cómo será tu relación amorosa según el tipo de apego que tienes

Salud

Por: pijamasurf - 01/31/2018

Si bien en los últimos años numerosas investigaciones han demostrado que la infancia no es un fenómeno exclusivamente determinante, conlleva una serie de rasgos del pasado que nos acompañan tanto en el presente como en el futuro

Hay quienes dicen que “infancia es destino”, dando por sentado que aquello que se vive en los primeros años de vida se vuelve la base de la vida adulta. Y si bien en los últimos años numerosas investigaciones han demostrado que la infancia no es un fenómeno exclusivamente determinante, conlleva una serie de rasgos del pasado que nos acompañan tanto en el presente como en el futuro. Principalmente, cuando se refiere al tipo de afecto o apego que estamos acostumbrados a recibir y a dar.

Después de una observación rigurosa sobre los tipos de apego entre madres y bebés, los psicólogos John Bowlby y Mary Ainsworth llegaron a la conclusión de que dependiendo de la frecuencia y maneras de acercamiento-cariño en que las figuras maternas buscaban a los niños, estos últimos desarrollaban una serie de reacciones al amor –que, en muchas ocasiones, reproducían a lo largo de su vida–. Estos son los dos tipos de apego:

 

    – Apego seguro

Cuando ambos, madre/padre y bebé se encuentran en una misma habitación y el primero se va, el bebé protesta ante su ausencia. Esto se debe a que el niño percibe el cuidado como una base segura tanto para la exploración como para la proximidad; y si bien puede ser consolado por extraños, muestra una clara preferencia por su madre/padre pues son ellos quienes brindan la sensación de exploración segura. Según Bowlby y Ainsworth, este tipo de apego es típico de figuras paternas/maternas que reaccionan de forma apropiada, rápida y consistente a las necesidades. Esto permite que el niño desarrolle un autoconcepto merecedor de cariño/buenos tratos y de autoconfianza. De hecho, estos bebés tienden a ser cálidos, estables y con relaciones interpersonales satisfactorias.

 

    – Apego inseguro, del cual surgen: 

        – Apego ambivalente

En este caso, cuando el cuidado se va y el niño no lo percibe como una base segura, suele buscar la proximidad incluso antes de la ausencia. Por lo tanto, suele irritarse con la separación, mostrando rabia y renuencia a acercarse a la figura padre/madre y volver a jugar enseguida. Bowlby y Ainsworth notaron que el bebé con un apego ambivalente suele preocuparse por la disponibilidad del cuidado: busca su atención y cuando la consigue –y no se encuentra con ánimos para recibir mimos, porque está adormilado o tiene hambre–, muestra una resistencia furiosa que los extraños no pueden aliviar fácilmente. En otras palabras, el bebé siempre se encuentra ansioso, haciendo rabietas y protestando al respecto, debido a que la disponibilidad del cuidado no es consistente y él no ha tenido tiempo para desarrollar correctamente las herramientas emocionales necesarias, así como expectativas de confianza y acceso a los cuidadores.

    

        – Apego evitativo

Ante el poco y pobre intercambio afectivo en el juego, un niño con apego evitativo no muestra ninguna irritación con la ausencia de la figura materna/paterna. Es decir que, a diferencia del apego ambivalente y el apego seguro, estos niños simplemente ignoran o se alejan del contacto para protegerse del abandono. Evitan sentirse abandonados, aprendiendo a “arreglárselas solos”. Normalmente, las figuras maternas/paternas que transmiten este tipo de apego desalientan el llanto o la irritación y alientan la independencia. Por lo tanto, durante la adultez, los individuos pueden sentirse inseguros y desplazados por eventos que les hacen sentir abandonados –e incluso abandonan a otras personas, antes de ser ellos los abandonados–.

 

        – Apego desorganizado

Es el apego con mayor tendencia a la psicosis, pues no existe una estrategia coherente de apego: la figura madre/padre verbaliza su cariño pero se contradice con una conducta agresiva, abusiva o negligente. Una frase que caracteriza al apego desorganizado es “Te pego porque te quiero”. Las figuras madre/padre suelen tener comportamientos de asustado o asustador, intrusivo, rechazador, negativo, confuso en los roles, errante en la comunicación afectiva y tener malos tratos con el hijo. Los psicólogos han observado que los adultos con apego desorganizado suelen verse a sí mismos con un autoconcepto pobre y no poseen los recursos necesarios para confiar en los demás, no buscan la intimidad con otros y suelen reprimir sus emociones.

 

 

¿Cómo conseguir un equilibrio entre la sombra y la luz, según Carl G. Jung?

Salud

Por: pijamasurf - 01/31/2018

¿Cómo transformar un arquetipo de sombra a luz, para producir el bienestar general en un individuo?

Hace días se viralizó la respuesta que el director y productor mexicano Guillermo del Toro dio durante los Golden Globes. Si bien el centro de atención fue su magnífica justificación para ver la vida –un humilde “Soy mexicano”–, la realidad es que esta visión se antojó francamente junguiana. Del Toro dijo:

Nadie puede amar la vida más que nosotros porque estamos muy conscientes de nuestra muerte. Entonces lo preciado de la vida se para junto al único lugar al que todos vamos a parar. Es decir, todos en este planeta se suben a un tren que su último destino es la muerte, por lo tanto en el tren vamos a vivir, vamos a tener belleza y amor y libertad. Y pienso que cuando eliminas una de ambos lados de la ecuación, es un panfleto. Cuando tomas en consideración la oscuridad para contar la luz, es la realidad.

 

Se podría decir que esta premisa, resumida en escasos minutos, posee rasgos de la teoría del psicoanalista Carl G. Jung, junto con Freud uno de los padres del psicoanálisis. Según Jung, la psique del ser humano proviene de un inconsciente colectivo, una amalgama de instintos, arquetipos y símbolos universales, la cual influye profundamente tanto en las experiencias como en las decisiones de cada persona. Es como si se tratase de:

una tabula rassa que no está inmune a las influencias predeterminadas […] es el punto de mayor influencia por parte de presuposiciones heredadas […] por nuestros ancestros desde los inicios más tempranos. Es la matriz de todo lo que ocurre en el consciente psíquico, y por tanto ejerce una influencia que compromete la libertad de la Conciencia en su máximo nivel, desde que se encuentra continuamente esforzándose para llevar todos los procesos del consciente hacia los caminos más antiguos.

Para Jung, nuestro inconsciente está formado por símbolos que provienen de los primeros tiempos de la Humanidad, y es el trabajo de cada uno tanto elaborar un proceso de individuación –el de la capacidad de separarse del inconsciente colectivo para madurar– como establecer una Persona o una psique con la que se sienta identificado, utilizarla y personificarla. Y a lo largo de este proceso, el inconsciente colectivo no sólo puede tener un alto impacto en cada emoción o situación que se enfrenta; también puede aterrorizar o sanar las heridas personales. A esta última capacidad, aquello que Del Toro nombró como vida y muerte, el psicoanalista lo definió como un inconsciente colectivo que se encuentra en la luz o la sombra: uno que se acerca más al crecimiento y empoderamiento para fomentar la madurez, y el otro, cercano a la autodestrucción guiada por los miedos o emociones negativas. La ignorancia de uno de los dos resulta en un panfleto.

Permitir que la Persona se expanda en el consciente desde el inconsciente requiere, según Jung, de la aceptación de la sombra. En otras palabras, adquirir conocimiento, comprensión y aceptación de aquel “problema moral que reta a toda la personalidad del ego, […] de aquellos aspectos oscuros de la personalidad que están presentes y son reales”. Pero, ¿cómo se vive la sombra? Si es todo aquello que no nos gusta de nosotros mismos o que la sociedad nos hizo pensar que no nos gustaba, llevándolo hacia la profundidad de la represión y permitiendo que nos guíe erróneamente a lo largo de las decisiones importantes, es la mezcla de impulsos agresivos, imágenes de tabúes mentales, experiencias vergonzosas, urgencias inmorales, miedos, deseos irracionales, deseos sexuales inaceptables… Es decir, aquellas ocasiones en que juzgamos a las personas sin conocimiento, hacemos énfasis en sus defectos o nos convertimos en individuos autoritarios en caso de alcanzar posiciones superiores de poder, exageramos los sentimientos de victimismo en cada situación, impedimos la evolución profesional, emocional o personal de otros, proyectamos nuestros defectos en los demás o nos dejamos cegar por la creencia de ser tan iluminados que nunca podemos equivocarnos.

 

Desgraciadamente, la sombra siempre se nos escapa de entre las manos. Es más, cuando la pareja nos refleja nuestros defectos –como su papel lo demanda– al llamarnos “insensibles”, “inmaduros” o “infantiles”, solemos rechazar de inmediato esos adjetivos; nos enfadamos, los rechazamos e incluso los proyectamos hacia la conducta del otro. Por esta razón, Jung consideraba que nuestro consciente trataba de evitar dichos defectos al disminuirlos en nuestro autoconcepto y al  magnificarlos en el concepto que tenemos sobre los otros; en otras palabras, primero reprimimos, después proyectamos. La principal idea de la terapia junguiana es aceptar que poseemos esos defectos, comprender de dónde y por qué surgen de nuestro inconsciente y, a partir de ahí, mantenerlos dominados o en tracking para evitar que sean ellos quienes dominen nuestra vida. De cierta manera, se trata de pasar del arquetipo de sombra al de luz, para producir el bienestar general en un individuo.

Supongamos que la Persona es un iceberg: la puntita, aquello que apenas se ve, es el ego o la conciencia; el fondo, la estructura más pesada que se encuentra debajo del mar, es el inconsciente. Este último pedazo del iceberg está compuesto de pensamientos reprimidos, memorias, emociones, impulsos, rasgos heredados por aprendizaje vicario, acciones… Todas aquellas características que están más allá de la luz y de nuestro consciente y son capaces de controlar tras bambalinas nuestras creencias, pensamientos y acciones. De modo que conforme vamos estudiando a profundidad los rasgos de ese iceberg, podemos ir dilucidando cómo, dónde y qué necesita para mantener o mejorar su estructura; de lo contrario, mientras más se niegue, rechace o ignore que la base se encuentra debajo del agua, las afectaciones serán cada vez más graves y sencillamente repetitivas. De ahí, según los psicoanalistas, por qué solemos escoger a la pareja equivocada para nuestra salud mental o emocional.

Para Guillermo del Toro, tomar ambos lados, la sombra para contar la luz, es poder integrar todo un concepto llamado realidad. No se trata de una excusa para ver nuestros defectos y dejarlos lastimarnos y a otros, sino de tomarlos, asimilarlos, transformarlos e integrarlos en un ser real, de carne y hueso.