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Las mujeres consideran más atractivos a los hombres con barba (pero sólo si no pasa de cierto punto)

Buena Vida

Por: pijamasurf - 01/23/2018

Dejarse la barba hace que en general un hombre sea masculino y atractivo para la percepción femenina, pero cuando se deja crecer demasiado el efecto cambia

Un estudio publicado en el Journal of Evolutionary Biology notó que el vello facial hace más atractivo a un hombre, al menos hasta cierto punto. Investigadores de la Universidad de Queensland en Australia sondearon a más de 8 mil mujeres, quienes observaron imágenes de hombres con distintos niveles de vello facial: desde rostros completamente afeitados hasta rostros de barbas llenas (pasando por puntos intermedios). 

En términos generales, las mujeres mostraron más atracción hacia hombres con vello facial que con rostros imberbes -los rostros completamente barbados fueron, también, menos atractivos-.

Curiosamente, cuando se les preguntó a las mujeres qué hombres eran más atractivos para pasar una sola noche se consideró que eran los hombres con sólo un poco de vello en la cara; pero cuando se les pidió que evaluaran a los hombres de las fotos considerando cuáles serían mejores esposos o parejas a largo plazo, se eligió más a hombres con la barba completa. Uno de los investigadores interpretó que la barba llena podría dar a las mujeres una señal de madurez y de que los hombres están listos para un compromiso. 

Pero hay un detalle aún más peculiar: cuando las mujeres están rodeadas de muchos hombres con barba, la atracción de un hombre con barba decae. Lo atractivo en cierta forma es lo raro y, asimismo, hay que contemplar también las diferentes modas que fluctúan en el tiempo -que marcan periódicamente que las barbas son o vuelven a ser atractivas-.

En general, las barbas hacen que las mujeres piensen que los hombres son más masculinos, seguros, trabajadores y generosos.

Baudelaire tenía razón: es necesario vivir siempre ebrios

Buena Vida

Por: pijamasurf - 01/23/2018

¿A qué se refería Baudelaire cuando aconsejó la ebriedad como forma de vida?

¿Qué hace de Baudelaire un gran poeta? Entre otros motivos, señalemos ahora uno: la capacidad de su poesía para, aún hoy, conmovernos. Dicho esto no sólo en un sentido emocional, sino profundo. Baudelaire tuvo una mirada suficientemente aguda para ver los conflictos derivados de una forma de vida que, paradójicamente, es no-vida.

Con el tiempo y por la hegemonía de esa forma de vivir hemos olvidado, como lo señaló Baudelaire en varios momentos de su obra, que la vida auténtica es múltiple, diversa, hecha de contrarios y también de absurdos, vasta y que, por eso mismo, porque es un flujo que no se detiene ni admite definiciones absolutas e imperturbables, imponerle barreras y contenciones sólo termina por ahogar la vida, por sofocarla y marchitarla.

En el poema que ahora compartimos, procedente de El spleen de París, Baudelaire habla de la embriaguez e incluso de la embriaguez del vino, pero ésta es también figurada. En el fondo, Baudelaire nos está invitando a embriagarnos de vida, a beberla, respirarla, nadar en ella, dejar que nos colme y nos desborde. Eso es la embriaguez: un exceso. ¿No es entonces maravillosa la proposición del poeta? Acaso deberíamos escucharlo y vivir esta vida hasta la embriaguez, con intensidad, paladeando todos y cada uno de sus sabores, sintiendo cómo la vida recorre morosamente cada uno de nuestros sentidos, cómo acaricia nuestra conciencia y nos deja siempre más vivos de lo que estábamos apenas el instante anterior.

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Deberíamos estar siempre ebrios. Eso es todo. No hay otro dilema. Para no sentir la terrible carga del Tiempo que nos destroza la espalda hasta hacernos besar el suelo, es necesario embriagarnos sin tregua.

¿De qué? ¡De vino, de poesía, de virtud! ¡De lo que quieras! ¡Pero embriágate!

Y si en cualquier momento, en la escalera de un palacio, sobre la hierba fresca o en la soledad cerrada de tu habitación te das cuenta de pronto que la embriaguez cede o está por disiparse, pregunta al viento, a las olas, a la estrella, a las aves, al reloj, a todo aquello que huye, a todo aquello que gime, todo lo que gira, lo que canta, lo que habla: pregunta a todos qué hora es; y el viento, la ola, la estrella, las aves, el reloj, te responderán “¡Es hora de embriagarse! Para dejar de ser esclavos martirizados del Tiempo, ¡embriágate! ¡Embriágate sin cesar! De vino, de poesía, de virtud… de lo que quieras.” 

 

También en Pijama Surf: El tiempo sin tiempo: una reflexión, a la luz de Baudelaire, sobre la eternidad consumista en que vivimos