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Tu cerebro va a adorar la hipnosis geométrica de este video

Arte

Por: pijamasurf - 01/29/2018

¿Hasta dónde puede llegar la sed de nuestro cerebro por encontrar patrones?

Nuestro cerebro evolucionó para encontrar patrones. O, mejor dicho, fue gracias a que nuestro cerebro fue capaz de encontrar patrones que nuestra especie sobrevivió. Los dos hechos están relacionados y seguramente no es posible decir si uno fue primero que el otro. 

Adoramos tanto los patrones que nuestra mente puede de verdad llegar a encontrar una inesperada tranquilidad en ello. El latir de un corazón, el sonido de la lluvia, el minimalismo de Philip Glass o de Arvo Pärt…, algo hay en esa repetición que nos calma, nos acuna podría decirse; quizá, en el fondo nos recuerda un tiempo primordial que sólo intuimos y en el que existía apenas lo elemental necesario para la vida y la existencia.

El video que ahora compartimos es obra de Thunder Tillman, un artista de origen sueco que trabaja tanto con imágenes como con sonido (él mismo es músico) y que en este caso quiso retomar el ruido blanco que a veces emanaba de los televisores en la década de 1980, confundiéndose indistintamente en la continuidad de un rumor distorsionado –y sin embargo constante–, un sonido y una imagen que no transmitían nada.

La animación resultante sin duda será como un masaje hipnótico para tu cerebro, un vistazo al paraíso ilusorio de la repetición que no cesa…

 

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La música de las esferas: una animación que reúne la música de Bach y el talento de Glenn Gould

Arte

Por: pijamasurf - 01/29/2018

Si algún compositor llegó a descifrar la armonía de las esferas de la que habló Pitágoras, ese fue Johann Sebastian Bach

La idea de que el universo posee una forma de armonía secreta, incognoscible para el ser humano, se remonta al menos a la época de los llamados filósofos presocráticos, un grupo de autores igualmente misteriosos de quienes nos llegó apenas el eco vago de su pensamiento, anotado y comentado aquí y allá por otros que vinieron después que ellos y que tuvieron el beneficio de que sus palabras se conservaran.

Pitágoras fue uno de esos pensadores, destacado entre otros no menos eminentes (Zenón de Elea, Parménides, Heráclito, etc.). Fue además un pensador en quien la curiosidad por la realidad estaba acompañada de cierto esoterismo en su forma de entenderla y explicarla. De las conexiones que quizá nunca quedarán claras entre el remoto pensamiento de la India de los Vedas y la filosofía griega, quizá el punto más sólido de unión fue Pitágoras, cuya vida y obra se pierde, sin embargo, en las brumas del tiempo.

De Pitágoras sobrevivió, entre otras, la idea de la “música de las esferas”, una suposición sobre el ordenamiento del universo observable según la cual los astros estaban regidos por proporciones matemáticas no sólo fijas sino también musicales y armoniosas entre sí, tanto en su disposición como en su movimiento.

La idea resultó tan atractiva que de la época del filósofo griego (ca. siglo V antes de nuestra era) sobrevivió e influyó al menos hasta los días de Johannes Kepler, casi mil años después, quien dedicó una de sus obras a demostrar la veracidad de la hipótesis, atribuyendo a cada planeta observable una nota musical y una tesitura a partir de la distancia que los separa entre sí. 

Por lo demás, parece justificado pensar que el postulado pitagórico también ha seducido, en todas las épocas, a la necesidad humana de encontrar orden, razón y acaso una causa última en ese caos que, de inicio, parece ser siempre la realidad y todo lo que ésta implica.

Este breve recorrido por la idea de la “música de las esferas” nos permite compartir una animación breve realizada por Norman McLaren y René Jodoin en 1969 para la Oficina Nacional de Cine de Canadá. En ésta, los artistas tomaron algunos fragmentos de los preludios y las fugas de El clavecín bien temperado de Johann Sebastian Bach, interpretados por su compatriota Glenn Gould, y los interpretaron visualmente siguiendo el motivo esférico. 

Por supuesto, quizá de toda la música que se ha creado en Occidente, no hay ninguna que, de cierta manera exprese tan bien la armonía pitagórica universal como la de Bach, cuya perfección matemática ofrece por momentos la idea de que todo en el universo encaja, que nada hay que no tenga causa o explicación y que, en efecto, desde la brizna más ínfima hasta el planeta más inmenso ocurren siempre al ritmo de una canción que es posible escuchar sólo cuando de verdad ponemos atención a la música secreta de las esferas.

 

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